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Destino Sevilla

Mi primer destino, provisional y profesional, en Sevilla a mediados de los 80 fue el Hotel Simón, en la calle García de Vinuesa, una habitación barata entre el Arenal y la Catedral; casi me caía de la cama en la bodega Morales y el freidora de pescao. Por aquel entonces el mal llamado hotel era una casa destartalada, con patio y comedor común para viajantes, más parecida a una fonda de Balzac.

Aún puedo dar desde la distancia mi primer paseo sevillano -Constitución, Archivo de Indias, Plaza de la Virgen de los Reyes, Mateos Gago, Santa Cruz, jardines de Murillo- y aseguraros que, si bien el hospedaje era una caca, a mis veintitantos estaba en mitad de la gloria.

Con aquella edad, y algo de dinero en el bolsillo, a mi alrededor crecía un Edén lleno de Evas, estupendas serpientes y bares como manzanas: Casa de la Moneda, bar Giralda, Teresas, el jamón de Román. Y la promesa de otros barrios, del perfume del río, la otra orilla, Triana.

Sin duda son muchas las ciudades que he amado pero, como dijo aquel divino cateto ‘del paraíso hicieron dos parcelas: Sevilla y Cádiz’. Seguiremos paseando hasta recordarla plena, pero mañana hablo con Eva y salgo con perro.

 

Rafa Benitez Toledano

Categoría: Cultura
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